Siempre he versado que no se trata de las redes sociales en sí, sino de quienes están tras ellas. Ya lo conté hace justo un año por aquí: “las redes sociales no son el problema”, y hoy, más que nunca, lo vuelvo a decir en letras altas.

El pasado lunes encontré un peluche de Peppa Pig en una acera de Granada. Parece que la cosa va de “cerdos”; cuando yo era un poco más joven que ahora, me embelesaba con el cuento de los tres cerditos, en nuestros días, los más pequeños de la casa tienen a Peppa, sus amigos y su familia como auténticos ídolos. Es curioso que ambas series sean inglesas, aunque con siglo y medio de diferencia.

No era un peluche cualquiera; llevaba en su “camisita” la palabra María, por lo tanto no era una Peppa Pig al uso, era (supuestamente) la Peppa Pig de María.

Tarde día y medio en darme cuenta, pido perdón públicamente por ello, pero la noche del martes, mientras intentaba dormir y que York, el loro Polly, Emily Elephant, Pedro Pony, Rebecca Rabbit y cía. dejaran de “mariposear” en mi cabeza, pensé en que yo también había tenido un peluche “fetiche” de pequeño. Recordé lo mal que lo pasaba cuando me lo dejaba olvidado en casa de mis abuelos. Me vino a la cabeza María… ¿Habría llorado mucho por no encontrar a su Peppa? Y sus padres… ¿habrían puesto la casa “patas arriba” para encontrar a la subespecie de mamífero artiodáctilo?

Tenía que hacer algo, y lo hice. El miércoles a media mañana utilicé mis canales sociales para intentar que #LaPeppaPigDeMaría volviese a casa.

Utilicé Twitter, Facebook, Instagram e incluso LinkedIn. Estos fueron los mensajes en las dos primeras redes:

TWITTER

  • Impresiones: 10.235
  • Interacciones: 1.358

Pronto se sumaron diferentes cuentas de amigos, políticos, el Alcalde de Granada, colectivos, de conocidos y de desconocidos que pedían que #LaPeppaPigDeMaría volviese a casa:

FACEBOOK

  • Impresiones: 6.254
  • Interacciones: 1.328

En Instagram y LinkedIn también podríamos contabilizar otras cuantas miles, pero lo realmente importante no son los datos sin nombre, es la cantidad de personas  con apellidos que compartieron y dieron difusión en sus propias redes de este caso.

Pasados unas pocas horas, una mamá respondía a la llamada de la “acción social” de la red, diciendo que era “de su peque”.

Y continuaba…

Realmente no había ninguna María… La Peppa Pig era del pequeño Sebastian; eso sí, se lo había regalado su prima María, y le tenía mucho cariño.

Es mágico ver cómo las personas, de manera totalmente desinteresada, ayudan, ponen su granito de arena, a través de las redes sociales. Estoy cansado de escuchar cómo las redes sociales han desunido, han puesto barreras de comunicación, han provocado y/o potenciado agresiones, acosos y un largo etcétera… ¿Pero acaso no han traído también cosas buenas? Empecé con ello y acabo este artículo con lo mismo, el problema no son las redes sociales en sí, sino las personas malas que pueden estar tras ellas, y créanme cuando les digo, que personas malas siempre han habido y habrán, pero no podemos generalizar ni ser “generalistas”, que no es lo mismo.

La sonrisa de Sebastian cuando le entregué su Peppa Pig, no tiene precio, solo agradecimiento a las personas que han dado altavoz a mis letras altas.

El pequeño me decía que la había perdido “en el suelo”; se sentó en ese suelo, y no soltó a su Peppa hasta que se fue. Seguramente cuando sea mayor no recordará nada de esto porque tenía 2 añitos, pero también estoy seguro que Ana, su mamá, le inculcará los valores que han demostrado cientos de personas en la red, solidaridad, ayuda, el dar sin esperar nada a cambio. Podemos ser actores secundarios de las películas de nuestra vida, pero les recomiendo que sean protagonistas, solo así, quizás, podamos cambiar algo las cosas…

Les posteo una foto, con previo permiso de su mamá.

La vida está llena de historias, y en ocasiones hay que hacer públicas esas historias para hacer vida…

Un saludo.

Rayko Lorenzo.